La exuberancia natural de Cameron Highlands

Cameron Highlands queda en la zona central de Malasia continental, al norte de Kuala Lumpur y al sur de Penang, conocida por sus extensos campos de té, por sus cultivos de lavanda, rosas, camelias, fresa; además de tener zonas boscosas, se ha convertido en un destino maravilloso para hacer trekking, para conocer sus diferentes rincones entre montañas y aromas fragantes, alejándose de otros atractivos como playas o metrópolis que tiene este país. Nosotros decidimos dedicarle un día completo, sin contratar un guía, pero sí rentando una moto para sentirnos con mayor libertad. Acá te contamos qué conocer en esta zona de Malasia y nuestra experiencia allí, así que disfruta este artículo hasta el final.

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Campos interminables de te

Tras varios días en Kuala Lumpur, decidimos aventurarnos al norte, a la principal cadena montañosa de Malasia, en una zona llamada Pahang, donde queda Cameron Higlands, y colinda con una pequeña ciudad que es Tanah Rata. Al encontrarse en una zona montañosa, a 1500 msnm, hace frío, no que penetre hasta la médula, pero sí muy distinto del clima cálido que suele tener todo Malasia, por no decir todo el sudeste asiático, lo que a nosotros nos llamaba mucho la atención tras 3 meses de calor.

Desde nuestro hotel en Kuala Lumpur, cerca de la estación de metro de Masjid Jamek, debíamos llegar al terminal de buses Bersepadu Selatan, para lo que tomamos la línea roja del metro vía Putra Heights hasta la estación de Bandar Tasik Selatan, que está justo al lado de la estación de buses. Al llegar allí, nos percatamos que realmente conecta a todo el país, por lo menos en su parte continental o peninsular, y es un terminal organizado, lleno de kioskos donde se informan las ciudades o diferentes destinos, así que vimos los buses que iban a Cameron Highlands, y esperábamos que hubiesen aún tiquetes para ese día. Para ese momento, el siguiente bus salía a las 5 de la tarde, tiempo para aprovisionarnos y comer algo ligero. Reservamos previamente nuestro hotel por la página Booking, el 100 Backpackers Hostel, que reservamos por 2 noches, por lo que llegábamos en horas de la noche, y era un hotel económico dentro de la oferta para ese momento, pero un hotel que nos recibió de la mejor manera, con un anfitrión muy amable y que nos ayudó en lo que necesitábamos, además de darnos información muy útil sobre lo que serían nuestra aventura allí.

Buscando la manera de llegar a Cameron HL

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Tanah Rata se encuentra a una distancia de 4 horas en Bus, o un poco más, un viaje relativamente cómodo, en cuyo trayecto se hace una parada de 15 minutos aproximadamente. Una vía serpenteante nos iba acercando a esta ciudad. Llegamos sin contratiempos a la estación de buses y caminamos a nuestro Hostel, que quedaba a unos 5 minutos caminando, así que cansados, animados y con muchos sentimientos en el momento, nos tomamos una cerveza y nos fuimos a descansar. Un muy buen descanso tuvimos! Nuestro anfitrión nos informó que uno de los puntos más visitados, que es el Bosque Musgoso o Mossy Forest, estaba cerrado temporalmente, por lo que no podríamos adentrarnos a ese lugar.

Al día siguiente, con un clima templado, pero soleado, desayunamos y fuimos a rentar una moto por 8 horas, por 60RM, un precio alto, pero era el mejor precio, con una buena moto, y por el tiempo necesario para todo lo que teníamos que conocer. Es común en esta zona, encontrar el alquiler de moto por 6 horas – 8 horas – 12 horas, según las necesidades del viajero. 

Ahora sí, ya motorizados comenzó nuestro recorrido. De Tanah Rata debíamos pasar el siguiente pueblo que se llama Brinchang, para ir marcando el camino. Nuestra primera parada fueron los campos de Té, y hay un centro llamado BOH, que es la principal marca de Té de todo Malasia. Llegamos allí, y no se puede negar que el sitio es hermoso, que el edificio, que es más un centro de venta y una cafetería, tiene una buena arquitectura, al que su ingreso no tiene ningún costo, y desde la que se tiene una vista maravillosa de los campos de té, y disfrutamos el té que nos tomamos, y un tiramisú de té, que no nos derritió por su sabor ligeramente amargo. Hay que tener en cuenta, que al ser un sitio tan reconocido, tanto por locales como extranjeros, es un sitio al que hay que ir con paciencia, tanto porque hay tramos donde la vía es muy estrecha y serpenteante, como porque las filas para comprar el té o para tomar fotografía sacarán lo mejor de cada uno.

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Centro de Te BOH

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Después de una larga paciencia, pudimos tomar nuestra fotografía

Al cumplir nuestro tiempo allí, comenzamos nuestro camino de retorno, y ese camino sí que es un lujo, y en una curva decidimos hacer una parada al lado de la vía, dejar nuestros cascos y aprovechar ese paisaje circundante, que era sencillamente precioso. Al ver la larga cola de carros pasando, y tras varias fotografías y un rato de contemplación continuamos nuestro camino.

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Para nosotros, una mejor panorámica que desde el centro BOH

Nuestra siguiente parada, los campos de lavanda. Pensábamos que iba a ser como imaginábamos la Provenza francesa, con esos campos que los ojos no alcanzan a contemplar, pero al llegar a un sitio que destaca por su color morado lavanda en su nombre y en sus techos, con sus hordas de coches estacionados y una fila infinita, y ver más un invernadero pequeño, en donde se veían desde afuera 3 campos pequeños de lavanda, y vimos nuevamente las fotografías disponibles en la web, y decidimos continuar nuestro camino y esperar que Francia sea la que nos deje ese aroma a lavanda para toda la vida.

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Los campos de Lavanda, una visita prescindible en CH

Siguiente punto, Jardín de Mariposas. Síp, un Jardín de Mariposas, pequeño, al que cuesta 10RM la entrada por adulto, pero que también es un jardín de flores, y de insectos, que no sabíamos de antemano. Entramos al mariposario, y es difícil no dejarse llevar por el ritmo hipnótico de las mariposas, por sus formas, sus colores, sus tamaños. Al adentrarnos un poco más, conocimos sus jardines de camelias, de cactus, y luego comenzamos a ver algunas jaulas de vidrio con algunos insectos, como insectos palo, mantis religiosas, escarabajos rinocerontes, tarántulas.

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Fragancias, colores. Belleza total en esta imagen

Luego otros módulos para serpientes, serpientes verdes como la Serpiente Látigo, corales falsas, y constrictoras. También hay guekos, lagartos o escincos de lengua azul, pero a partir de allí si nos dio tristeza ver chinchillas, conejos, perritos de las praderas, erizos, y hasta un canguro, este último transmitía con sus ojos la tristeza de un animal silvestre encerrado y en un ambiente tan ajeno, por lo que sin más, decidimos marcharnos de allí, porque los animales deben estar en su ambiente natural, libres, no encerrados para la mirada de otros, es parte del maltrato animal contra el cual luchamos.

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Mariposas por doquier, una danza lenta que disfrutar

Continuamos el camino y los puntos señalados y fuimos a unos de los campos de fresa, donde todo es alegórico a esta fruta. Conocida por nosotros porque en Colombia se da la fresa, iniciamos el camino de ingreso para este lugar, nos parecía llamativo que incluso habían algunas lozas en el camino con forma de fresa. Tiene un costo de 25RM entrar y recoger medio kilogramo de fresa, que para nosotros parecía desmedido, y no entramos, pero fuimos a la cafetería, y pedimos una Creme Brulée de fresa y un café de fresa, que nos dejó un gran sinsabor porque el postre cabía en 1 bocado, y el café tenía edulcorante de fresa, químico 100%, y nada de fresa real, por lo que nos sentimos timados realmente, y salimos de allí.

Íbamos a ir a unas cascadas llamadas Taman Eko Rimba Parit Falls, pero se encuentran temporalmente cerradas. Continuábamos esos caminos, el tiempo transcurría en un día soleado, y comenzamos el camino de retorno hacia Tanah Rata, y seguimos de largo para ver qué encontrábamos en el camino, y la última sorpresa del día, fue la mejor de toda la jornada, para nosotros. Los Campos de Té de Bharat, sí que se puede apreciar la majestuosidad de llanuras llenas de campos de té. Pagamos una entrada de 10RM por persona, y además de una cafetería, tiene un sendero corto, demarcado, con dos kioskos pequeños, uno a cada lado del camino horizontal, un camino por el que se permite descender y estar en contacto estrecho con los campos de té, y en esos kioskos nos sentamos simplemente a contemplar esos colores, esa inmensidad, esas formas de cada árbol de té y como dibujan de manera abstracta siluetas en las montañas.

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Más que en BOH, valles inmensurables de té, dejan una imagen inmortal

En ese lugar, que fue mágico, termino nuestra jornada de motocicleta, así que con gran satisfacción regresamos a Tanah Rata, a buscar cena, a tomarnos un té, a sentirnos agradecidos por ese momento y esa oportunidad, y a descansar para nuestro siguiente destino.

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Perderse en ese momento es inevitable

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Hasta un próximo post!

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