La importancia de mente – cuerpo – espíritu y compañía en los viajes

«Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de mente» – Mark Twain

Cuando pensamos en viajar, o cuando miramos algún recuerdo nuestro o de alguien más de un viaje, lo primero en lo que pensamos es en la sonrisa, en la felicidad que se transmite allí, en descansar. Pensamos muchas veces que la condición innata en un viaje es felicidad, es un estado que es permanente, pero la realidad es más amplia que ello, es una montaña rusa que se mueve en todas dimensiones, la física, la mental, la emocional, y si viajas solo, será un momento de autoconocimiento, si viajas acompañado será un reconocimiento de dos. Por eso en este artículo vamos a hablar sobre cómo esa sincronía interna es tan importante en tus viajes. 

Cómo sabes, nosotros somos médicos, ella tradicional, yo alternativo, y somos apasionados de los viajes, porque nos han permitido ampliar la mirada, cada viaje nos ha reconstruido, y hemos dicho que cuando regresas de un viaje, si llegas igual que cuando te fuiste, fue porque el viaje no te movió, en tu mente, tu cuerpo, tu espíritu, tu conexión con otras personas. Vamos a desglosar esos diferentes escenarios. para que  veas lo maravilloso de la experiencia de viajar cuando vas dispuesto a que el mundo te toque. 

Cuerpo

Cuando estamos en nuestro diario vivir, muchas veces queremos conservarnos como estamos, ya sea la piel, el peso, el cabello, pero procuramos que no se noten el paso de los días. Pero cuando pensamos en viajar, queremos regresar con el bronceado por el sol, o con la quemadura por el frío en el rostro cuando vamos a la nieve, con la fatiga muscular de los días que caminamos hasta que las piernas se rindieran, pero ojalá con el mismo peso que cuando emprendimos un viaje, ya sea corto o largo. 

Sin embargo, desde el día anterior a que inicie esa travesía, ya el cuerpo cambia, por las hormonas que circulan en todo nuestro cuerpo, ahora lleno de la adrenalina de viajar, pero todo el cuerpo se prepara, para los estados de vigilia y de sueño, y sufrimos del famoso jet lag cuando no nos adaptamos tan rápido a ese cambio. De la misma manera, nuestro cuerpo va cambiando, según la alimentación que tengamos en ese o esos lugares, porque es distinta a la que estamos acostumbrados, y eso hace que todo el sistema digestivo también tenga que renovarse, que la flora intestinal se ajuste. La piel se prepara, y tú la preparas, si hay sol, si hay lluvia, si hay frío, y debes cuidarla, porque es tu armadura natural para el mundo y la vida que tienes por delante. 

En resumidas cuentas, tu cuerpo, esa última capa de lo que somos, y esa primera capa de nuestro contacto con el mundo exterior, tiene que estar con los pies muy bien puestos, a donde sea que vayas a ir.

Pero…….. el cuerpo no va solo en ese viaje, y eso lo sabes, y como muchas veces decimos, el cuerpo va hasta donde la mente quiere ir, y la mente puede querer, pero el cuerpo tiene sus límites y momentos que se deben vigilar también, y reflejará aquel crisol de emociones que se presentarán en el camino.  

Mente

Ahora es el turno de ese maestro cerebro, de esa torre de control, y no solo hablándolo desde la perspectiva médica, sino también, y quizá de una manera mucho más profunda, de la calidad de pensamientos que se producen antes – durante y después del viaje. 

Cuando pensamos en ese momento futuro del viaje, nuestra mente comienza a trabajar en ese momento ideal, esa imagen perfecta, en ese momento de paz mental, porque saliste por un momento de tu realidad diaria, de tu trabajo, o de otro momento del que necesitabas un nuevo aire, y cuando sabes a donde vas, tu mente trabaja con imágenes y palabras para formar ese escenario. Cuando ya te encuentras viajando, debes cuidar la salud de tus pensamientos, porque durante un viaje se presentan muchas cosas, y hay también elementos de esa realidad que dejaste al salir de viaje, de ese lugar de tu vida diaria, que a veces te llegan cuando estás viajando, ya sea por un tema de trabajo, de la familia, de los proyectos que dejaste en tu ciudad, que pueden o impulsar tus pensamientos más positivos o pueden opacar cualquier momento, y debes tener la serenidad, la paciencia, para que todo se organice y no vayan a disminuir la felicidad del viaje. Por último, cuando el viaje ha terminado y has regresado a tu vida habitual, donde los pensamientos sobre el viaje y las experiencias que viviste rememoran todo lo que pasaba por tu cabeza, y tus pensamientos te pueden llevar a decir. «Quiero más de esto» o «No volveré a ese lugar» o «Quisiera haberlo vivido de otra manera». 

Aquí te decimos: Lucha!, lucha para que ese viaje se presente de la manera en que lo pensaste, lo soñaste, que tus pensamientos estén alineados, que tu mente y tu cuerpo trabajen sincrónicos en cada momento. 

Sin embargo, la receta está incompleta, porque somos seres emocionales, infinitamente emocionales, no somos planos, y menos en un viaje, hay todo un abanico de emociones allí. 

Emociones

Somos un manojo de antojos, de emociones, de sensaciones, en cada instante de la vida. Lo que nos gusta, nos disgusta, o ni lo uno ni lo otro, se refleja en nuestra expresión corporal, en nuestra expresión verbal. Ese corazón emocional comienza a trabajar a un ritmo distinto cuando planeas y vives un viaje. 

No todo lo podemos controlar. No somos dueños de lo que sentimos, y menos cuando salimos de esas cuatro paredes que amamos y llamamos realidad. Al igual que con los pensamientos, desde antes de viajar se comienzan a fundir un sin fin de emociones, porque hay expectativas en el viaje, hay ansiedad sobre el mundo que nos espera, incertidumbre, que nos llevan a sentirnos alegres, tristes, etc. Durante el viaje, emociones infinitas tendrás, y debes cuidarlas, protegerlas para que siempre sean las emociones las que tallen esos recuerdos y esas historias. Será una montaña rusa de emociones, no viviremos en la cúspide de las emociones más positivas, y así como habrán días grises afuera, puede que en tu interior también los haya, y está bien; no solo serán días soleados. Nosotros hemos estado en lugares maravillosos, pero con emociones apagadas porque algo sucedía en ese momento, o hemos descubierto que momentos simples pueden explotar tus emociones de la mejor manera y pueden tatuar un hermoso recuerdo. Por eso es tan importante que creemos y mantengamos esa orquesta de mente y corazón totalmente sincronizadas, para que el cuerpo enérgico se deje llevar y conduzca, como el capitán de ese avión, ese viaje. 

Espíritu

La espiritualidad, consideramos, que define la paz interior, y va más allá de las creencias religiosas, sino de las doctrinas o filosofías morales, religiosas, culturales,  que te hacen una buena persona, un ser humano que le sirve a una comunidad, en cualidad de tus virtudes.

Acá es donde muchas veces podemos tener los choques más grandes con el vasto mundo a nuestro alrededor, ya sea porque vas a un lugar donde las tradiciones, las creencias religiosas son diferentes, y la manera de vivir la religión es diferente, o porque las doctrinas y pensamientos son ajenos a los tuyos, y es aquí donde recalcamos la frase de Mark Twain: no viajes con una mente estrecha, o con prejuicios, y llena tus maletas de tolerancia, porque el mundo es maravillosamente diverso, y como te decíamos, tienes que permitir que el mundo te toque, te unte y te abra las ventanas de la mente, del corazón, y te haga un mejor ser humano, alguien que realmente evoluciona en todo sentido a medida que conoces un poco más de lo que hay afuera. Esta, para nosotros, es la parte más emocionante de los viajes.

Cuando viajamos al sudeste de Asia, por ejemplo, la manera en que el budismo, como pensamiento, no como religión, nos explotó la cabeza, y al poder dialogar con monjes budistas nos dimos cuenta de muchas cosas, y lo mismo sucedió, de una manera hermosa, cuando nos sentamos en Egipto con un musulmán que nos hablaba de los principios del islam, alejado años luz de la imagen borrosa de lo que los medios nos ofrecen. Cuando participamos en ceremonias en Masai Mara, o en Japón, o en India, nos dimos cuenta que el ser tolerante, el aceptar esa maravillosa diversidad, no tiene que ir en contra de tu doctrina religiosa, en lo absoluto, sino que complementa la manera de ver al mundo, de participar en él, de servir y ser un mejor ser humano que interactúa en una comunidad llamada Mundo. Y son las mejores experiencias que hemos podido vivir. Es dejar de ver el mundo con los lentes con que lo has mirado toda la vida, y transformarlos en unos lentes que ven más colores, ven más allá de lo que se muestra a simple vista.

Así que vive, experimenta, disfruta cada momento, cada escenario, cada interacción con la gente, con sus creencias, con su cultura, con sus tradiciones, y no juzgues, mézclate y déjate llevar. Te darás cuenta que todos en el mundo tenemos principios morales comunes, que no somos tan diferentes, que todos buscamos lo mismo dentro de esta gran experiencia que se llama vida, que todos queremos dejar una huella, y que queremos servirle a los demás de la mejor manera.

Compañía

Para nosotros ha sido la mejor oportunidad para conocernos, para reconocernos, para descubrir la realidad cruda del otro, sin maquillaje, sin fragancias, sin disfraces. A pesar que llevamos 11 años como pareja, 6 años de esposos, aún hoy, escribiendo en Bangalore – India, nos seguimos conociendo el uno al otro, que además permite aumentar el autoconocimiento y atorreconocimiento, y nos seguimos fortaleciendo como pareja, como amigos, como cómplices, como aventureros; y vemos cómo las fortalezas de cada uno hacen que todo sea mejor, y se complementan y se engranan para que cada día sea mejor que el anterior.

Pero no siempre es así, no todo es color de rosa en los viajes, y es normal, pero cuando la actitud y la comunicación se ha construido de la manera correcta, los momentos difíciles edifican un montón, y como decimos muchas veces: No hay momentos malos, hay aprendizajes, y nunca pierdes, aprendes. Para esto, sí es importante navegar ese gran océano de la vida sin tanto Ego, sin la verdad absoluta a un solo lado de la mesa de diálogo, pero siempre dispuestos a escuchar, a aceptar, a ponerse en los zapatos de la otra persona, a pedir perdón, a ser mucho más tolerantes, entre nosotros y con todos los demás allá afuera, y a esforzarnos para que ese trabajo en equipo cada vez se renueve. Y, de la misma manera, sabiendo que, al viajar en pareja, o en grupo, se deben crear y respetar momentos de individualidad, para que haya más oxígeno que alimente ese espacio entre los dos seres que comparten ese viaje.

 

Claro que también están todos aquellos que viajan solos, por diferentes motivos, y eso permite un autoconocimiento mayor, y es estar aún más dispuestos a interactuar con todo el mundo alrededor, y aprender mucho más. Hay algunos que quieren vivir la experiencia de viajar solos, y se convierten en caminantes “solitarios”, donde su familia en cada viaje se vuelve el mundo, o les gusta viajar a su ritmo individual, sin ningún tipo de presión, vivirlo a su manera. Hay quienes viajan solos para evitarse malos ratos, no porque no amen a las personas a su alrededor, sino porque todos y cada uno de nosotros somos diferentes, tenemos conceptos de la vida diferentes, maneras de viajar distintas; y por eso viajar solos es cargar una maleta menos, porque muchas veces es suficiente con lidiar con nosotros mismos, más que el intentar complacer a otros, a tener programas de actividades distintos, a poner a otras personas de acuerdo en qué está bien y qué no lo está cuando estamos de vacaciones, o en un viaje, desde las cuestiones más sencillas de la vida, como a qué hora nos levantamos, qué vamos a cenar, y esas pequeñas decisiones pueden hacer que un viaje tome rumbos distintos a los que pensábamos; y eso lo compartimos al ciento por ciento, lo respetamos y lo hacemos muchas veces.

 

Como te puedes dar cuenta, viajar alimenta, no solo la barriga, sino también cada milímetro de tu cuerpo, de tu mente, de tu espíritu, del amor contigo mismo y hacia los demás. Por eso viaja, viaja sin miedos, y sin expectativas. Salte del mapa, piérdete en el camino de tu viaje, te darás cuenta que hay más personas buenas de la que pensamos en el mundo y que siempre habrá una mano dispuesta a ayudarte, una sonrisa que no espera nada a cambio. La vida es maravillosa, y cada instante es irrepetible, hoy no eres el mismo de ayer, y no serás el mismo de mañana, y como dice mi esposa Laurita, hoy es tu versión más joven, sal y disfrútala; no siempre corras, hay muchos momentos en los que es necesario desacelerar y ver cosas que antes no veías. Cada viaje se disfruta a tu manera, a tu ritmo, y quédate en paz con lo que viviste que fue mucho, pero muchas veces queremos todo en 60 segundos, y tenemos toda la vida para vivirla.

Viaja ligero, ligero de Ego, ligero de prejuicios y expectativas, ligero de mente, y deja mucho espacio para todo lo que puedes aprender.  Y recuerda:

“Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo” – Mahatma Gandhi

 

Hasta un próximo post.

 

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